ACADEMIA COMO PRÁCTICA

Abrir la pregunta II — Juan Pablo Corvalán

—Juan Pablo Corvalán

Originalmente este prólogo era distinto, si bien el contenido de los textos es el mismo. Aquí la explicación, está publicación estaba pensada para ser lanzada en el marco de la XXI Bienal de Arquitectura de Chile, evento que el primer prólogo describía como una “Bienal que aboga por una arquitectura “común y corriente” instalándose en un barrio, como es Franklin, en pleno proceso de gentrificación y especulación de valor del suelo.”

Como se puede deducir, ya en ese minuto teníamos reservas, como equipo académico, de la forma en que se estaba leyendo el contexto urbano en Chile. Reservas que detonaron el contenido de la publicación que llega a sus manos o pantalla.

De esta manera, y tal como expresaba el prólogo original “más que obedecer a unas instrucciones curatoriales…y entregar una respuesta encerrada en un discurso de autopromoción, es que como Escuela de Arquitectura y Academia Espacial UDLA, preferimos abrir una pregunta”.

Esta pregunta es ¿en que forma, el ejercicio académico de un proyecto formativo en arquitectura, puede considerarse una práctica espacial y una práctica crítica?

De ahí, el titulo de:  ¿Academia como práctica?

La apertura de esta pregunta –que ha implicado desplegar un planteamiento, una hipótesis y una autocrítica– parecía entonces una forma apropiada para asumir las inquietudes disciplinares de la arquitectura en el contexto chileno.

La presentación de esta publicación, estaba originalmente programada para el día 18 de octubre, fecha en la que se manifestó el estallido social. Sucedería en el marco de un conversatorio y debate, que como escuela organizamos en la Bienal, el que llevaba por nombre:  “Hacia una Constitución Espacial”, y contaba con la participación  de Claudia Dides, Claudio Fuentes, Constanza Martinez, Gabriel Salazar y Ana Sugranyes.

Esto permite dejar en evidencia que si bien desconocíamos los hechos por venir, no desconocíamos completamente la envergadura del descontento, tal y como las autoridades manifestaron en los días que siguieron al estallido.

Algo ya nos hacía sospechar. Ya nos preguntábamos cómo aportar frente a la desigualdad y la insostenibilidad de los procesos urbanos. Intuíamos que era algo difícil y que más que afirmaciones, requeríamos de formular preguntas. Así, nació la idea de abrir la pregunta a autores y colegas que nos parecen tienen la lucidez de manejar estas complejidades disciplinares de la arquitectura. Asimismo, también nos parecía interesante aportar la pregunta del marco legal del espacio, ¿cómo podría ser revisado desde el concepto de una nueva constitución la espacialidad social y las problemáticas mencionadas anteriormente?

Esta pregunta, fue también parte del montaje expositivo que como escuela llevamos a la Bienal, el cual presentamos en el prólogo original de esta publicación como uno donde “ Literalmente el carro callejero al cual todas las escuelas de arquitectura fuimos obligados a exponer el contenido al interior para resguardar una hegemonía estética exterior insertamos la pregunta de ¿Academia como práctica? utilizando algunos ejemplos propios y extractos de reacciones preliminares de invitados partícipes en la discusión disciplinar sobre el contexto social y espacial del siglo XXI,…intervenimos el carro recortando sus paneles para visibilizar la pregunta desde el exterior, como un acto espacial de comunicación con el contexto, como una performance explícita de abrir la pregunta.”

Durante los primeros días del estallido social, este carro terminó formando parte de barricadas o sirviendo de protección contra saqueos. Estos mismos días vieron la cancelación del conversatorio “Hacia una Constitución Espacial”, al mismo tiempo que esta temática se manifestaba absolutamente vigente, mediante su presencia en medios y círculos académicos, acciones que llevaron al llamado a plebiscito para la aprobación o rechazo de una nueva Constitución para Chile.

Es así que esta publicación, ya nos hablaba de cómo se percibía –previo al 18 de octubre– el vínculo disciplinar de la arquitectura y su aporte a la sociedad civil en el cual se desenvuelve. Frente al devenir de estos meses en donde todo pareciera cobrar otros sentidos –o incluso carecer de todo sentido– entre crisis y pandemia, dudamos, como equipo editorial, en publicarlo. Sin embargo, nos ha parecido necesario ofrecer el testimonio de este reflejo previo, para quizás así entender mejor el momento actual. Buscar qué respuestas ya se nos han presentado, y que nuevas preguntas podrían aportar nuevos sentidos.

Así también, el contenido original de las siguientes páginas permitirá también revisar la siguiente afirmación, que cerraba el prólogo original:

“La participación en la Bienal, más que una instancia para exhibir contenidos, se transforma en un medio para generarlos: un llamado a verificar la hipótesis de que eventualmente la mejor manera de constituir Academia, no es tener como fin formar arquitectos, sino realizar un aporte desde la disciplina a la sociedad, y por medio de este proceso no solo se educa arquitectos, además los profesores aprenden. Una retroalimentación continua entre reflexión y acción, una puesta a prueba teórico-práctica en la realidad espacial, constituyendo una arquitectura dialéctica.”

A través de este impulso, esperamos continuar retralimentado el conocimiento con la realidad, bienvenidos a una nueva espacialidad de la humanidad.

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