Ruta CH-160 es una instalación compuesta por una bandeja circular rellena de escoria de carbón de la termoeléctrica Santa María de Coronel, Bío Bío. Sobre ella se disponen tres celulares negros reproduciendo un video en loop cada uno. Cuenta con un clip de audio que se activa con la proximidad con la ayuda de un arduino.
La Ruta CH-160 es expresión del abandono neoliberal. Es sitio de una explosión urbana carente de planificación, de un urbanismo compuesto de rejas, monocultivos, pasarelas y pasos sobre nivel; de paraderos aislados y expuestos, de juegos infantiles oxidados, sitios baldíos y peladeros. De una urbanización que arrasó los humedales y dejó a sus nuevos habitantes sin más servicios que supermercados, outlets y strip centers, como si la vida no fuera más que un discurrir entre el traslado hacia el trabajo y el consumo. Coronel cuenta con dos centrales termoeléctricas activas. Las termoeléctricas a carbón emiten contaminantes atmosféricos como: CO2; material particulado, dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno y metales pesados como el mercurio, vanadio, níquel y plomo. Para sus procesos de refrigeración las termoeléctricas extraen agua del mar, erosionando el lecho marino y devolviendo el agua a mayor temperatura, lo que genera una devastación del ecosistema marino.
La residencia se propuso dimensionar, desde el cuerpo, esta “zona de sacrificio”, exhibiendo la carretera como trazado y huella, pero también como cicatriz de la extracción de capital humano, animal, vegetal, mineral y afectivo. Esto se tradujo en una serie de ejercicios de resistencia espacial, que buscaron visibilizar las condiciones de vida en el sector, subvirtiendo el sacrificio desde la dimensión política y poética del juego y el placer.





