CASA/CUARTEL propone hacer visible un inmueble que, emplazado en el exclusivo sector de Lo Curro en Vitacura, a inicios de 1975 funcionó simultáneamente como vivienda familiar y como cuartel de operaciones de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA). Por un lado, la casa del tercer piso —espacio de lo doméstico, de lo cotidiano y de la fricción social, donde la escritora Mariana Callejas organizaba cenas y reuniones literarias con artistas, intelectuales y escritores que darían pie a la Nueva Narrativa Chilena en los 90’s — encarnaba una vida familiar aparentemente normal, incluso refinada. Sin embargo, al observarla con detención, emergía como un organismo monstruoso, resultado de ampliaciones inconexas y conexiones carentes de lógica. Por otro lado, en el primer y segundo nivel, el Cuartel Quetropillán —una de las bases operativas de la brigada Mulchén— funcionó simultáneamente como taller de electrónica de Michael Townley, laboratorio de gas sarín o también denominado como Proyecto Andrea, liderado por el químico Eugenio Berrios y centro clandestino de represión que albergó a los terroristas cubanos Virgilio Paz y Guillermo Novo Sampol, y al fascista italiano Stefano delle Chiaie. Esa coexistencia disonante entre la intimidad doméstica y el aparato represivo de la dictadura cívico-militar transformó el inmueble en un cuerpo fracturado, una topografía donde la violencia se incrusta en la arquitectura misma.
Como en La Croisade des enfants (1896) de Marcel Schwob —donde ocho monólogos componen una narración polifónica sin centro ni jerarquía— la exhibición Casa-cuartel propone una organización espacial rizomática, en el sentido deleuziano, para abordar un inmueble al que solo es posible acceder mediante restos dispersos, huellas parciales y fragmentos borrados. Los planos, escenografías, peritajes, archivos, materiales literarios, modelos digitales y registros audiovisuales que conforman esta investigación funcionan como mesetas autónomas dentro de un campo de sentido compartido, desde donde cada visitante puede recomponer su propia versión del espacio desaparecido. La muestra se inscribe así en la oscilación entre memoria y ficción, entre documentación y escenografía, entre crónica policial y representación, haciendo comparecer —nunca de forma total, siempre en fisuras— los rastros materiales y simbólicos de una casa fracturada entre hospitalidad y horror.
En este marco, CASA/CUARTEL se configura como un archivo expandido construido a partir de una multiplicidad de soportes: planos, libros, testimonios, recortes de prensa, videos, fotografías, modelos y dispositivos narrativos que horadan las capas de una topografía extinguida. Cada fragmento actúa como evidencia en un territorio crítico donde la memoria no se conmemora sino que se activa en el acto mismo de seguir excavando. Más que reconstruir, el proyecto busca traer a presencia un espacio donde las huellas del pasado se reactivan en cada lectura, revelando cómo la violencia se inscribe en los cuerpos arquitectónicos —desde el espesor de un muro hasta la escala de la ciudad— y cómo, al hacerlo, abre una interrogación permanente sobre lo que puede un archivo, una imagen o una historia al enfrentarse a lo que ha sido sistemáticamente eliminado.




















