Texto curatorial «Respiración conjunta»
Fernanda López Quilodrán
Texto: Fernando Portal y Belén Gallardo
¿Por qué y cómo marcamos el límite entre lo que consideramos vivo y lo que no en las comunidades vegetales? ¿Dónde termina la vida cuando consideramos el rizoma de una planta? La pregunta no es sencilla, y la claridad de nuestras respuestas tiende a perderse cuando no nos encontramos reflejados en la forma de vida en cuestión. Frente a la crisis socio-ecológica, Respiración conjunta de la artista Fernanda López Quilodrán, nos invita a residir en estos límites difusos como una forma de reunirnos en y con la naturaleza. Su práctica ha sido una invitación a reconocer formas de vida capaces de prosperar en estos bordes entre lo animado y lo inanimado, y a preguntarnos qué tipo de relaciones afectivas podemos cultivar con ellas más allá de este umbral.
Las dieciocho obras reunidas registran su proceso de convivencia con una comunidad de 79 papas, hospedadas como una instalación viva en su taller, desde el 14 de mayo del 2023, hasta su traslado a la galería. Durante estos años de cohabitación, Fernanda ha desarrollado distintos tipos de registro, prestando atención y cuidado a los patrones de crecimiento, movimientos e intercambios de nutrientes entre ella y sus compañeras.
Desarrollando también materiales y rituales para el sustento de sus vidas. Tanto los registros como los rituales y materiales creados operan fuera de los paradigmas asociados a la agricultura y la comercialización, basándose tanto en saberes y conocimientos no hegemónicos, así como en el propio cuerpo de la artista.
El dibujo, la tapicería, la cerámica y la fotoemulsión poseen una naturaleza cíclica e insistente, se repiten para aprender y reparar. Así, Respiración conjunta transita desde técnicas ancestrales del cordón montañoso Andino hasta la fotografía química de finales del siglo XIX articulando así un tiempo expandido en el que los materiales y los cuerpos, humanos y más-que-humanos, se transforman y dialogan. En este sentido, Fernanda propone un modo de relación no extractivo, donde la observación se convierte en una práctica de cuidado y donde lo aparentemente inanimado revela su capacidad de respuesta. La exposición no solo documenta un proceso de cohabitación, sino que ensaya una ética que reconoce que la vida no se define por un límite, sino por una trama de interdependencias. Así, la artista nos invita a aprender a respirar con otros ritmos y a imaginar formas de convivencia que desbordan las fronteras de lo humano.
Respiración conjunta ha sido desarrollada como parte de la residencia NATUROCULTURA (2023-2025) del Núcleo Lenguaje y Creación de la Universidad de Las Américas.












